jueves, 10 de diciembre de 2015

RETOÑO






 Los Niños vienen al mundo puros e inocentes, al igual que tú naciste puro e inocente. Su condición está basada en el Amor, actúan por y para él, y ese es su propósito en la vida: expandir la luz para así mostrar a los demás la única y verdadera salida que existe en este interminable ciclo de sufrimiento. Ellos no dudan de su cometido, pues su voluntad es la voluntad Divina; ellos son como una flor, que al florecer jamás se pregunta si los insectos querrán probar de su delicioso néctar o si su fragancia será menos embriagadora que la de las otras flores. Por eso al nacer nada les perturba, ni siquiera su propio llanto, porque los Niños no son conscientes de la hostilidad del mundo que los envuelve y ni una sola preocupación puede entristecer su campo de luz angelical. Conectados a la Conciencia del Ser, son aún inconscientes de lo que son y al igual que la naturaleza, necesitan despertar de su sueño con la ayuda de los demás, para así darse cuenta de su magnificencia.

 Crecen y su invulnerabilidad ante las emociones regresivas contrarias a la Verdad Absoluta, comienza a debilitarse. Entonces, como mecanismo de protección ante un entorno donde su inocencia y alegría no encajan, se van ausentando a través de realidades basadas en lo único que conocen: el eterno presente. Ellos mismos crean su propio mundo mágico, repleto de amigos invisibles, de poderes imaginarios; un mundo repleto de maravillas, sacado de una mente maestra capaz de llevar la creatividad a un espacio lleno de infinitas e inagotables posibilidades. ¡A ellos les gustaría tanto mostrarnos todo lo que saben, mostrarnos cómo construir un nuevo planeta! les gustaría tantísimo que les tuviésemos en cuenta y que advirtiéramos su sútil forma de comunicarse con toda la existencia. Pero desde una edad muy temprana y con demasiada frecuencia, se ven influenciados por una humanidad adicta al pensamiento compulsivo y destructivo, una humanidad no sólo inconsciente de sí misma, sino con una idea equivocada y muy deteriorada de quienes son. La energía de las personas está impregnada de Ego y de dolor, y los Niños comienzan a dar las primeras señales de su contagio, con los excesivos y repentinos cambios anímicos y emocionales; un hecho enfermizo, que para el resto constituye algo totalmente normal, así que habitualmente se les ignora o se les castiga. ¿Sería posible explicarles por qué les ocurre dichos cambios emocionales tan drásticos?; ¿sería posible que te lo preguntases primero a ti mismo para poder ayudarles a ellos verdaderamente?; ¿sería posible que alguna vez le mostrases a un Niño, qué es lo mejor para su bienestar, en vez de repetirle continuamente lo peligroso que es su cuerpo y el mundo que lo rodea?: "hace frío, abrígate cariño" y no "¡ponte ahora mismo algo que te resfriarás!"; "no te salgas de la acera por favor" y no "¡cómo te vayas para la carretera te atropellará un coche y te podría matar!" Es tan sencillo confiar en que harán lo correcto sin necesidad de recibir primero órdenes cargadas de miedo, en que si necesitan saber "por qué", te lo preguntarán y tú se lo podrás explicar con tranquilidad, de manera que le ayudes a desarrollar el sentido común y no un temor innecesario.

 Párate y fíjate muy bien, en lo que un capricho, un enfado, un grito, un rechazo, un gesto de impotencia, una lágrima, una súplica te quieren decir; fíjate muy bien qué mensaje guarda para ti, porque un Niño se rinde ante la vida para interpretar lo que hay en tu interior y aunque aparentemente no lo parezca, un niño asume esta responsabilidad desde que nace, la de ser un espejo en el que tú te reflejas constantemente, así es de grande su amor por ti. Escucha y no con los oídos, mira y no con los ojos, siente y no con las manos......no dejes que tu falta de autoliderazgo condenen a una criatura que depende de ti para aprender lo que significa Vivir. Domina de una vez tu mente y no le hagas a él lo mismo que se te hizo a ti; no permitas que nada ni nadie le diga a ese Ser tan pequeño y delicado, cómo o qué debe pensar, porque él está a la espera de recordar quién es, a través ti y con la esperanza de que tú también desees acordarte de quién eres, a través de él. Deja de sufrir, de ser víctima del tiempo, de ser tu propio y único enemigo, porque entonces, lo único que le estarás enseñando a un Niño, es a morir.








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