lunes, 8 de agosto de 2016

DUKKHA





 Es imposible decir no, imposible. Pero a veces, me veo envuelta en una soledad aparentemente tan veraz, que la idea de volver a deambular por el sueño de la necesidad, del egoísmo, de la autocompasión, del pánico o de la cólera, puede resultar hasta <liberador>. Pero es imposible, aunque lo jure y lo perjure desde el miedo más penetrante, no es posible. Porque dar la espalda a la verdad, es darme la espalda a mí misma y eso, sería definitivamente una locura.

 Me has pedido que ceda ante ti, sin volver la mirada atrás. Me has pedido que renuncie a todo cuanto esta realidad me pueda ofrecer, sin arrepentirme ni un sólo segundo. Me imploras que permanezca en ti, divisando el mundo desde <tu ojo> y sintiéndolo con <tu corazón>, sin reclamar nada. Que te brinde la voluntad de vivir, sin patalear, ni titubear ni lloriquear. Me pides fe, y cuando continúo pensando qué más puedo darte, me doy cuenta que al pensar, he dejado de dártelo todo. Entonces me abandono en ti. Totalmente desnuda para ti, reposo en el misterio, en el descanso y en el gozo de simplemente ser. Nada y Todo a la misma vez. Y si la impotencia o la rabia vuelven a hipnotizarme, al menos ya sé, que lo único que sucede es que he vuelto a olvidarte, lo que automáticamente me conduce a tu iluminado recuerdo. O para ser exacta, volver a recordar que yo, Soy porque No Soy.







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