viernes, 16 de diciembre de 2016

INCONDICIONAL



 Érase una vez el Sufrimiento y su más fiel amiga, la Aceptación. Cierto día, el Sufrimiento, cansado de lo que a él le parecía indiferencia por parte de su compañera, le replicó "¿Por qué a todo le dices que sí? Dime Aceptación ¿cómo puedes amarme, cuando yo hay veces, en las que te detesto? ¡Tú siempre tan perfecta, haciéndome sentir tan imperfecto a tu lado!" Entonces Aceptación permaneció sentada junto a Sufrimiento, mientras él seguía quejándose de su amiga y autocompadeciéndose de se sí mismo. No hubo palabras y tampoco actos por parte de ella, tan sólo un profundo silencio interior. Sufrimiento necesitaba deseperadamente respuestas, necesitaba encontrar un sentido a sus dilemas. Algo que consiguiese apartarle del dolor, que siempre parecía perseguirlo "¡Háblame, dí algo por el amor de Dios!, ¡¿es que acaso eres siempre tan fría, como un témpano de hielo?!, ¡¿es que no te das cuenta que sufro constantemente y ya no puedo más?! ¡Haz algo, dí algo te lo suplico!" Y tras salir de su boca la última frase, Sufrimiento se apartó de Aceptación rechazándola con un empujón. Se dirigió a la vitrina y agarró desesperado la única botella que allí había. La abrió con brusquedad y se la llevó a los labios, pero ni una sola gota de alcohol alcanzó a su paladar. Entonces, bajó los brazos en un breve acto de rendición y dejó caer la botella al suelo. Y mientras el ahogo de la primera lágrima asomaba a su rostro, se encaminó hacia el mismo lugar donde todo había empezado. Y allí estaba su amiga, en la misma posición que la había dejado unos minutos antes. Se sentó a su lado y le dijo con voz ronca "La botella está vacía y la he roto" a lo que Aceptación contestó "Si está vacía, jamás la podrás romper".

 





 Según la mente y su constante interpretación de la realidad, la vida casi siempre suele castigarnos de diversas maneras maliciosas. Y cuando llegan las circunstancias que a la mente le parecen un horror, en seguida se pregunta "¡¿pero porqué?! ¡¿por qué tiene que pasarme esto a mí?!" La mente comienza a intentar entender el por qué de lo que está sucediendo: justificándose, autocompadeciéndose, culpando, juzgando, atancando, defendiéndose o intentando sacar algún provecho del momento. En definitiva, la mente siempre procura huir del momento presente tal y como es. Porque la mente no acepta, que lo que está sucediendo, simplemente está sucediendo y jamás puede dejar de suceder. Los esfuerzos de la mente por controlar, rechazar o cambiar lo que sucede, son maneras vanas y agotadoras de resistirse al momento presente, del cual nunca puedes huir, por lo que siempre genera algún tipo de conflicto interior, es decir, sufrimiento. La mente se resiste a la vida misma, que es inseparable del ahora, y al resistirse, crea una división ilusoria entre ella y la vida. Es entonces, cuando la lucha se hace cada vez más insoportable. Porque la vida no puede colaborar, hasta que no te des cuenta de que tú no <tienes una vida> (lo cual implica estar separado de ella y por lo tanto poder perderla), sino que tú eres la vida misma. La ilusión de sujeto y objeto sólo reside en los pensamientos. Pero la mente, en esta fantasía de separación, no puede comprenderlo y te utiliza en una constante lucha por la supervivencia del ficticio <yo individual>.

 Sólo tú, la Vida, puede en un sólo instante de atención, darse cuenta de la absurda esclavitud mental a la que está sometida. Sólo la Vida, puede entender sin necesidad de hacer ni pensar absolutamente nada. La Vida observa al contenido, (que es la experiencia y todo lo que existe en ella) y cuando lo observa completamente, deja al contenido ser, mientras va creando más espacio para que el contenido cambie naturalmente y se expanda. Deja corretear a las formas en su infinito vacío, cuidándolas, nutriéndolas y permitiéndoles crear a su antojo. La Vida no lucha, porque no hay nadie más con quién hacerlo. Sólo existe Ella como un Todo que se recrea constantemente en el único lugar que existe: aquí y ahora.

La vida y su contenido, todo es Uno. Sé la Vida y deja de soñar que eres algo diferente. Sé la Vida, para recordarle a los demás la Verdad de lo que son, pues de lo contrario, el sufrimiento continuará. El dolor por sentirse diferente y ajeno al resto, seguirá obligando a la humanidad a luchar por la supervivencia de un <yo individual> que no existe. Eres eternamente Vida, y nunca ha sido ni será de otro modo.


 Película "El Guerrero Pacífico"



 


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