miércoles, 28 de diciembre de 2016

NACIMIENTO







 Hace mucho. mucho tiempo, en un lejano reino perdido entre las montañas, reinaba un rey y una reina sin reinado. Ni exuberantes ropas, ni sirvientes, ni castillo. Tampoco plata ni oro, tampoco príncipes ni príncesas. Todo el pueblo y su reyes, cohabitaban en continua armonía. Cubrían sus necesidades básicas en paz, sin prisa ni obligaciones, pues al estar entregados a la Vida, sabían (sin saber) qué se requería de cada uno de ellos en cada momento. Ni más ni menos, ni peor ni mejor. En este reino tan particular, la balanza estaba equilibrada y la cordura era una expresión natural del Alma. Todo se repartía desde el sentimiento certero del Amor y por lo tanto, cada uno de sus habitantes (incluidos los reyes) poseía lo que realmente necesitaba. La necesidad no se entendía desde <el bien y el mal>, sino desde la sabiduría suprema de la Presencia, que otorgaba a cada cual, la experiencia perfecta para su evolución interior.

 Sólo tres reglas yacían escritas en el corazón de aquella civilización: Dar, Aceptar y Disfrutar. Caminaban cada día enfocados en el presente, asegurándose así, en no perder jamás de vista la belleza de la Vida. Los libros de la escuela, estaban escritos en la mismísima experiencia de los niños y el trabajo, descansaba en la alegría de Ser, sin verdaderamente hacer. Y entonces, ¿por qué había de haber reyes? por que el rey y la reina, eran los ancianos más viejos de todos y todas, y por lo tanto los más ricos de Espíritu. Su descendencia, no consistía en la <sangre azul>, sino en la edad más avanzada de entre todos los habitantes. No importaba su historia personal, no importaba su apariencia, tampoco si formaban pareja o no. Lo que allí prevalecía para escoger a un rey y a una reina, era todo un silencioso recorrido existencial que iluminaba al Espíritu de consciencia. Ellos eran la señal sagrada, que indicaba el camino más simple de vuelta a Casa.

  Pero cierto día, llegó al reino un hechicero con aspecto de anciano. Vestía una pulcra túnica color plata y cargaba con una gran olla bañada en oro. Sus pasos eran pesados como el plomo y sin embargo, su envergadura no era más ancha que la de una escoba. Su aspecto intelectual dejaba tras de sí un hedor hipnótico, que casi todos pudieron sentir nada más llegar. Colocó su gran oya dorada en medio de la plaza y con perspicacia, comenzó a entonar un extraño cántico al mismo tiempo que preparaba un copioso brebaje llamado <La Pócima del Tiempo>  "¡¡Bla bla bla, qué hermoso es hablar! ¡Bla bla bla qué grandioso es pensar! Tooodo lo entiende la mente, toooodo lo resuelve y de toooodo se apodera, para mimar a su anfitrión ¡Bla bla bla, acércate y lo comprobarás! Ven dulce humano, no te arrepentirás ¡Bla bla bla!...." Poco a poco aquel sonido tan embaucador fue conquistando los oídos de aquellas personas, que se iban acercando movidos por una arrolladora curiosidad. El hechicero lanzaba monedas al aire, indicando en sus canciones lo mucho que se podía conseguir con ellas. Los reyes, envueltos por el intenso poder de la Conciencia, comprendieron en lo más profundo de su corazón, que la nueva etapa para sus congéneres había llegado y que era necesaria para avanzar en el juego de la vida. De esta manera, fueron testigos silenciosos de como cada habitante de la ciudadela, iba sucumbiendo a la demencia de aquella pócima. Sedientos, bebían sin cansancio hasta quedar atrapados en las historias del hechicero que se repetían unos a otros sin parar. Lo examinaban todo, lo deducían todo, lo adivinaban todo.....o al menos eso es lo que creían. La totalidad del presente, quedó rápidamente fragmentada por el pensamiento compulsivo y comenzó la lucha por la supervivencia de individuos separados entre sí.

 Tras varios días bebiendo La Pócima del Tiempo, los habitantes comenzaron a perder cada vez más el sentido de la realidad y calleron en un profundo sueño, sobrevalorando el mundo y buscando en él los placeres prometidos. Entonces buscaban, pero tan pronto como encontraban, todo lo perdían y comenzaron a temer. Poseídos por el miedo, fueron a exigir una pronta solución a los reyes "¡Ayudadnos sabios consejeros, tenemos sed y hambre, y nada calma nuestra angustia!" a lo que la reina contestó "Recordad, que la angustia que cargáis debéis soltar, para poder agarrar el pan y la jarra con agua" Pero el pueblo se sublebó, tomando estas palabras como indiferencia hacia sus deseos. Fue entonces cuando el hechizero aprovechó la oportunidad que había estado esperando y en alta voz pronunció: "¡Pueblo culto y menesteroso, yo soy quién os entregó este brebaje de los placeres del tiempo y por lo tanto, yo seré quien se resposabilice de vuestra angustia, de vuestra sed y de vuestra hambre! Así soy yo de misericordioso. Pero antes, juradme lealtad y deshechad a todo aquel que no lo haga, pues obstaculizará mi camino para conseguir vuestra salvación."

 Y fue así, como se edificó un castillo para el "salvador", repleto de riquezas y obediencia. Fue así, como la Verdad fue desterrada, así como a los portadores de ella, pues por locos y traidores fueron tomados. Fue así, como a la locura se la llamó cordura, y a la cordura, demencia. Fue así, como aquellos humanos olvidaron el único lugar donde se halla la alegría, para morir en la mente y en su necia infelicidad. Aquí y Ahora.

Fin.







- Un Llamado al Despertar Masivo para la Humanidad http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia2/ciencia_consciousuniverse698.htm



 No te creas ni una sola palabra de nadie. No te creas ni una sola palabra de ti mismo. Nunca. No te creas absolutamente nada y sólo así, podrás escuchar verdaderamente. Entrégate totalmente a las experiencias y a todo lo que se desenvuelve en ellas, tanto internamente como externamente. Pero así como las dejaste entrar, déjalas también marchar. Sigue caminando, sigue observando desde el corazón, siempre muy atento. Nada es real. Ni la luz ni la oscuridad. Nada lo es. Si vives constantemente desde esta única Verdad, comenzarás a recordar. Yo Soy.


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