sábado, 3 de diciembre de 2016

SIMPLE


Simple, como el perfume de un libro.
Simple, como el color con la lluvia.
Simple, como el zarpazo del gato.
Simple, como el hueco en un vaso.

Simple, como el sabor del limón.
Simple, como la mirada de un perro.
Simple, como la hoja seca.
Simple, como la risa de un chiquillo.

Simple, como el brillo de la piel.
Simple, como el sonido de una mosca.
Simple, como la voz del moribundo.
Simple, como el trinar de los mirlos.

Simple, como el tacto del colchón.
Simple, como el silencio en una cueva.
Simple, como el picor de una costra.
Simple, como el tú o el yo.

Simple, como el cuchillo del asesino.
Simple, como el veneno de la cobra.
Simple, como la lágrima del embustero.
Simple, como la mano de un ladrón.

En lo simple, en lo evidente,
aquí es donde me conocerás.
En lo confuso, en lo agitado,
allí es donde me olvidarás.

Pero Yo, que tan simple, Soy,
jamás me escondo del que mira.
Con los ojos bien abiertos
y con la mirada encendida.





 


 Evolucionar o desaparecer. Éste es sin duda el destino emergente del planeta Tierra. No hay lugar para más destrucción, no hay lugar para más dolor. O trascendemos el ego y participamos en la continua expansión evolutiva del Universo; o nos seguimos aferrando al mundo de las formas, a la existencia, y nos extinguimos junto a las rígidos patrones de pensamiento, que impiden la apertura de la Conciencia para experimentar nuevas formas de expresión.

 Emprender acciones humanitarias que ayuden al planeta y a los seres que habitan en él, tiene su propósito y es necesario para el aparente caos que va en aumento a medida que las estructuras egoicas van llegando a su fin. Pero si sólo nos centramos en el hacer, esto sólo aliviará los síntomas y no eliminará la causa. Todas las emociones negativas acumuladas en la psique de los humanos durante miles y miles de años, están saliendo a la luz, tanto individualmente como colectivamente, para ser reconocidas y trascendidas, y la realidad es tan sólo un fiel reflejo del estado interior que estamos experimentando en estos momentos. Vivimos en una realidad polarizada, atrapada en el pasado y por lo tanto, atrapada en un ciclo repetitivo de vivencias dolorosas. Por eso es esencial tener claro, que únicamente a través de los actos, no vamos a cambiar realmente nada. Si pretendemos encontrarnos a través de lo que hacemos por los demás, seguiremos perdiéndonos en el mundo y la frustración nos acompañará allá donde vayamos. Ya que el mundo de las formas, (en el que se incluyen las formas de pensamiento, las emociones, las percepciones sensoriales, las palabras y los actos) está sujeto a la ley de la impermanencia. Párate a observar y comprobarás que la existencia está transformándose continuamente. Así pues, no te busques fuera pretendiendo ser un salvador a través de lo que haces o de lo que piensas, sientes y expresas. Si es de esta manera como pretendes salvarte a ti y a los demás, lo único que estarás consiguiendo es reforzar los patrones inconscientes del ego, tanto en ti como en el resto. Por lo tanto, seguirás participando en la inconsciencia planetaria.

  Si te tomas en serio lo que ocurre en la Tierra, si ves enemigos por doquier y necesitas combatirlos de alguna manera para sentirte en paz contigo mismo, esa misma paz que buscas siempre te evadirá. ¿Y sabes por qué? porque el mismo hecho de insistir en buscar lo que ya eres fuera de ti, es ridículo. Creer que hay "enemigos o malotes", significa que tú crees ser del otro bando, el "bueno y heroico". E inevitablemente acabarás recurriendo a algún tipo de violencia para enfrentarte a los "otros", aunque sea la más sutil de ellas. Como por ejemplo, infestar todo lo que te rodea de negatividad, maldiciendo a los ciudadanos o al ayuntamiento mientras recoges la basura de los parques y una vez recogida, te sientas satisfecho. Porque en realidad, el hecho de haber limpiado lo que los "enemigos" ensuciaron, te sitúa, imaginariamente, en un nivel superior de conciencia. Es decir, te sientes sutilmente superior a ellos y la verdad es que es gracias a sus insesateces. Lo que afianza aún más tu propio sentimiento de separación y vulnerabilidad, cosa que le fascina al ego: "Necesito a los malos para yo ser la buena y así, sentir que soy alguien".

 Ir a la causa del sufrimiento ajeno, es dirigirte primero a tu propio sufrimiento. Es detenerte y observar como el dolor viene y va, mientras tú permaneces intacto. Es darte cuenta que nada de lo que pensabas que eras tú, eres tú. Es ser quien eres, espacio para contenerlo todo. Contener a tu cuerpo y a todo su equipaje mental y emocional, sin necesidad de hacer nada para cambiarlo. Es recordar que simplemente eres, permanencia inacabada. Reconocer que todo es una ilusión, un sueño del que has despertado y gracias al despertar, pudiste darte cuenta que la existencia es eso, un sueño. Que una vez despierto, fluyes a través de los actos y no ellos a través de ti. Así que ya no es necesario esforzarse para hacer, pues tú mismo eres la Conciencia desde donde el acto de amar emerge, expresándose a través del cuerpo. Ya no hay nada que buscar, ya no hay nada que desear del mundo, pues el mundo es una manifestación del espacio único que somos. Deja de haber "otros", deja de haber peligro y deja de haber egoísmo enmascarado de altruismo.

 Eres el Uno y ayudas desde la certeza de lo que eres. La realidad se convierte en un juego, donde te vuelves más consciente cada vez, de esta única certeza: la unidad. El bien y el mal pierden toda su importancia y es de esta manera, como puedes comprender al resto, pues ellos son tú y tú, ya conoces lo que no eres: división. En el Uno, el caos de la separación sólo es un inocente teatro, en donde actúas como recordatorio para los que andan perdidos en sus papeles.

 Entonces, evolucionar o desaparecer ¿para qué? Para seguir actuando en un mismo escenario reformado con un nuevo guión. O para cerrar el telón y volver a comenzar de nuevo. Siempre, de nuevo.
 











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