domingo, 28 de agosto de 2016

VÍNCULO





 ¿De dónde has salido?, ¿eres quién pareces ser?, ¿eres tú? Dime, tú ¿eres él?
 Ahora, en medio de nada, me interrumpes con tu intensidad. Silfo intangible, que te atreves a fijar tu pupila más allá de las mías, a desafiarme con tu humanidad en la superficie de las olas y a embriagarme de ti en nuestra mutua profundidad oceánica. Él y Ella. Dos en Uno. Son atisbos de un placer inalcanzable que nos define, más allá de nuestros cuerpos, sedientos de plenitud. Más allá de nuestras mentes, hambrientas de reconocimiento. Es la culminación del éxtasis, la muerte del hombre y la mujer, el regreso de una diáfana gota de agua a su Fuente Divina. 

 ¿De dónde has salido, mortal?, ¿dónde has estado?, ¿sigues ahí?
 Ya no te recuerdo y sin embargo, forzosamente vives en mí. Presente, estás presente en mí cuando habito en el Ser y trasciendo la forma. Ausente de ti, cuando con el pensamiento, intento alcanzarte; cuando con el sentimiento, pretendo amarte. Eres la imagen de lo que soy. Eres radicalmente distinto a mí. Eres lo que menos esperaba. Eres lo que quiero, perfectamente imperfecto. La encarnación de la mitad que sustenta mi espíritu. Lo que me falta, pero no necesito.

 Vuelve, permanece aquí. Ángel dormido, deja que acaricie tu aura azul. Déjame desvelarte suavemente, para que al entreabrir tus párpados, el cielo no te deslumbre con su fulgor. Ella y él. Uno en Dos.



 



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lunes, 8 de agosto de 2016

DUKKHA





 Es imposible decir no, imposible. Pero a veces, me veo envuelta en una soledad aparentemente tan veraz, que la idea de volver a deambular por el sueño de la necesidad, del egoísmo, de la autocompasión, del pánico o de la cólera, puede resultar hasta <liberador>. Pero es imposible, aunque lo jure y lo perjure desde el miedo más penetrante, no es posible. Porque dar la espalda a la verdad, es darme la espalda a mí misma y eso, sería definitivamente una locura.

 Me has pedido que ceda ante ti, sin volver la mirada atrás. Me has pedido que renuncie a todo cuanto esta realidad me pueda ofrecer, sin arrepentirme ni un sólo segundo. Me imploras que permanezca en ti, divisando el mundo desde <tu ojo> y sintiéndolo con <tu corazón>, sin reclamar nada. Que te brinde la voluntad de vivir, sin patalear, ni titubear ni lloriquear. Me pides fe, y cuando continúo pensando qué más puedo darte, me doy cuenta que al pensar, he dejado de dártelo todo. Entonces me abandono en ti. Totalmente desnuda para ti, reposo en el misterio, en el descanso y en el gozo de simplemente ser. Nada y Todo a la misma vez. Y si la impotencia o la rabia vuelven a hipnotizarme, al menos ya sé, que lo único que sucede es que he vuelto a olvidarte, lo que automáticamente me conduce a tu iluminado recuerdo. O para ser exacta, volver a recordar que yo, Soy porque No Soy.







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