sábado, 22 de julio de 2017

TOTALIDAD






 Incluso cuando el aparente despertar (iluminación) sucede, le sucede al -yo- (mente-cuerpo), una condensación de energía que se manifiesta como pensamientos y sensaciones, en un aparente armazón sólido llamado cuerpo. Pero sólo se trata de UNA misma energía tomando formas dispares entre sí; una misma energía que surge desde nadie, así que ahí no hay nadie a quien le esté sucediendo algo en realidad. Es la nada, "interpretando" el papel de ser alguien (o algo); viviendo una vida personal compuesta por una sucesión de acontecimientos sobre los que ese -yo- parece tener elección deliberada. 
 Y es que todo lo que se considera una experiencia sólo le puede suceder, exclusivamente, a algo o a alguien siempre, pero como ser algo o alguien es una interpretación (ilusión) que se crea gracias a la mente, entonces, verdaderamente, no hay nadie ahí que esté experimentando nada. ¿Y cómo puede nada, crear una realidad experiencial tan asombrosamente creíble, si ciertamente, ahí no hay nada?. Ésta es la milagrosa paradoja de la existencia: No siendo nada, se puede ser todo.

 La existencia parece estar compuesta de incontables entidades autónomas con una historia en particular, o al menos eso es lo que cree la mente: Está la historia de la persona, la del animal, la de la planta, la de la piedra; está la historia de la mesa, la de la silla, la del fuego, la del viento... y así sucesivamente; hasta está la historia de la emoción y la del mismo pensamiento sobre el pensamiento, pero son sólo eso, historias de una gran historia que el pensamiento reinventa. Todos estos papeles se interpretan al unísono, sin que nadie dirija ningún guión; éste, y el escenario con todos sus personajes, ocurren sin más.
 En medio de esta gran obra teatral, parece ser que el personaje humano es el único que posee la capacidad de pensar y esta característica tan peculiar, consigue dividir la totalidad mediante ideas, conceptos o creencias, lo que le lleva a identificarse de lleno con dicha disparidad (dualidad o separación). Porque, ¿desde cuándo una gallina pretende ser una gallina o un roble dejar claro que él es un roble y el de al lado un alcornoque? Y es que de hecho, estas supuestas entidades no se pueden considerar a ellas mismas entidades, porque en ellas no hay pensamiento, y por lo tanto, no hay ni nombres ni historias personales que se cuenten a sí mismas o unas a las otras, así como tampoco pueden conocer el tiempo (pasado-presente-futuro). En ellas no existe separación, funcionan claramente desde el todo, como una masa contraída de energía que se procesa espontáneamente de forma singular y única, sin control ni propósito existencial. Y en el humano pasa exactamente lo mismo, es sólo que el pensamiento no sabe hacer otra cosa que la de separarlo todo, así que construye la idea de que existe una supuesta entidad con soberanía y autonomía propia, con un principio y un fin, ¡pero incluso esto sigue siendo energía libre e involuntaria!. No hay un -yo-; el -yo- sucede desde nada, ¡y también el -yo- que se resiste a sí mismo con la intención de rechazarse, transformase o aceptarse a sí mismo!. Podría decirse que de esto trata el juego de ser alguien: Un -yo- con múltiples subyoes. Un -yo- que trata desesperadamente de encontrarse a sí mismo a través de sí mismo, y al comprobar que de ninguna manera puede sentirse definitivamente completo, acaba practicando la espiritualidad con el fin de volverse espiritual; con el fin de recuperar su esencia verdadera, la que colmará finalmente su insatisfacción existencial. ¡Pero todo esto son intentos inútiles de un buscador, que está buscando lo que YA ES!.

 Se trata de la nada siendo energía y de la energía no siendo nada. Se trata de una sola energía que se expande y se contrae de infinitas maneras; una sola energía que puede serlo todo, siendo nada. Éste es el misterio mágico de la vida, un misterio que, afortunadamente, jamás podrá ser resuelto por NADIE.











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