jueves, 10 de agosto de 2017

SIN CONDICIÓN






 El humano no ha venido a este planeta para ser dueño de él, aunque esté empecinado en conseguirlo a toda costa. El humano no es ni más ni menos que cualquier otra forma de vida con la que este mundo ha tomado forma; y cuando digo cualquier, incluyo también al Universo y a cualquier objeto "inanimado" que se encuentre en él. Por muchos méritos que el humano se coloque en su insaciable imaginación, nadie le debe nada; pero, y a pesar de todo el daño que sigue causando allá por donde va, éste tampoco le debe nada a nadie: No hay culpables ni tampoco inocentes, no hay malos ni tampoco buenos; siempre hay, aparentemente, consecuencias. 

 El humano, o más concretamente, la identificación con el -yo-, crea una realidad ficticia basada exclusivamente en la separación. Palabras como -mío-, -independencia- o -control- van moldeando y refinando la sensación de ser un individuo aparte de todo, con logros y decisiones propias, pero lo cierto es que todas las reglas que se impone a sí mismo el -yo- y que impone a los demás, son meras ideas comprimidas en la memoria, siendo ni más ni menos importantes, que un estornudo.
 -Mi- casa, -mi- pareja, -mis- hijos, -mi perro-, -mi- dinero, -mis- logros... nada de esto es real, la idea de pertenencia o de propiedad, es precisamente sólo eso, una idea. Y no importa cuanto sea el sacrificio que el -yo- se atribuya a sí mismo, ni cuanto considere que hace por los demás y cuanto crea que se le debe por ello. Tampoco es relevante la cantidad de dinero del que disponga (o no) para comprar o donar, porque nada de lo que haga con "su" dinero o con "su" sacrificio, le otorgará jamás el derecho de posesión hacia nada.

 Es muy cómico cuando el -yo- se enorgullece con la creencia de que tiene un sustento económico propio que le concede una independencia <<muy propia>> y <<muy meritoria>>; es muy cómico, porque no puede ver más allá de sí mismo y se va colgando medallitas elogiables, volviéndose vanidoso, chantajista y desagradecido, y olvidándose de los innumerables factores de los que continuamente DEPENDE para que cada uno de "sus" objetivos se cumplan. 
 ¿Acaso el dinero nace en los bolsillos del -yo-?, ¿acaso una casa la construye el dinero?, ¿acaso la experiencia de vida de un hijo o de un animal, pueden ser dirigidas por un padre o un "dueño"?, ¿acaso el éxito se puede llevar a cabo por una sola persona?... Si por ejemplo, una casa pudiera hablar, lo primero que haría es reírse amablemente y se dirigiría a "su propietario" más o menos así: "Veamos, puedo ver todo el valor que te atribuyes a ti mismo a través de la creencia de que te pertenezco, y también me doy cuenta de tu enojo por el esfuerzo mental y/o físico que me dedicas para poder mantenerme, lo cual viene a ser también parte del gran valor que te otorgas como individuo. Pero me gustaría informarte de tan sólo unos pocos detalles con los que pareces no contar: En primer y último lugar, no sé si te has dado cuenta de que la materia prima que da forma al hogar que te da cobijo, comodidad y seguridad (entre otras cosas), procede, de alguna forma u otra, de la naturaleza, y para ser más exactos, del planeta Tierra. Muchos seres ofrecen su vida para que ésta a la que llamas tu casa, pueda existir; otros ofrecen su intelecto para diseñarme, otros su fuerza física para hacerme sólida, otros viven bajo la tierra, para que esa tierra pueda sostenerme; y otros en el exterior e interior de mi estructura, para mimarme con su energía regeneradora, como los animales y las plantas. Y todos, absolutamente todos, son igual de importantes para que tú puedas disfrutarme. Sí, así es querido inquilino, tú no eres el único que me mantiene: Desde las bacterias hasta los animales y las plantas, desde el viento hasta la lluvia y el clima, desde el humano que me modeló hasta el que me visita o duerme cada noche en mi interior... son tantos los factores que se necesitan para que tú puedas disfrutar de un hogar, que sinceramente, me asombra el hecho de que aún no te hayas dado cuenta de que la pertenencia no existe nada más que en tus fantasías. Sí, cuidarme es lo mínimo que puedes hacer, y amarme sería ya lo ideal...... pero hacerlo no es un deber ni tampoco un castigo; porque yo seguiré abrigándote y dándote la bienvenida cada vez que entres por la puerta con o sin brusquedad, sin importarme lo mal que me trates o lo mucho que me valores; aquí seguiré, nueva o deteriorada, reluciente o sucia. Así es amado, incondicionalmente, no tuya". Y algo parecido le diría también el dinero al -yo-, sólo que seguramente añadiría:"Querido supuesto dueño, ¿sabías que se puede prescindir de mí para que el mundo funcione?". 

 El -yo- sueña con su independencia, aunque irónicamente sea constantemente dependiente del TODO; dependiente de la energía que a todo le da forma y que a todo sustenta (incluido al -yo- mismo). 
 El -yo- hijo, depende de sus -yoes- padres para ocupar un sitio en la existencia, y esos padres dependieron a su vez de sus progenitores para que esa nueva creación pudiera llevarse a cabo. Además, el -yo- dependerá SIEMPRE de su herencia genética para poder continuar en el mundo, así como dependerá de las experiencias de vida (y de todo lo que éstas contienen) para conformar "su" personalidad y "sus" metas . Dependerá de un cuerpo y de todo lo que éste constituye, además de necesitar del oxígeno y de un planeta que lo nutra en su viaje terrestre. 
 Las personas no están separadas de nada; cada una depende, ininterrumpidamente, de todo lo demás. Así pues, ¿dónde queda a eso que llaman -hacedor individual-?.

 Pero el -yo- es ignorante de su propia ignorancia, desconoce, o quizás, no desea conocerse como parte de un TODO y de una NADA simultáneas, que sucede sin más. Teme desaparecer, así que tratará de atacar o defenderse con infinidad de razonamientos insostenibles, con el fin de perpetuar su sentido de separación. Pero todo esto, también forma parte de lo que es y cuando la identificación con ser alguien se desploma, la nada que la sostenía, se hace amorosamente evidente y la existencia pasa de ser una prisión particular, a un espacio totalitario que no conoce límites. 



 La Individualidad es una Bella Ilusión Ilimitada.




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